martes, julio 30, 2013

Versión Remasterizada Dolby Estéreo.

"...sé que lo tengo merecido,

por entregarme así contigo..."

Cristian - El Culpable Soy Yo.



Lo he hecho dos veces.

La primera vez, fue con Robert Redford. Cuando por primera vez vi "The Way We Were", en un VHS que renté en el Video Centro de la esquina de mi casa, el personaje de Robert Hubbell me pareció un guapísmo, varonil y arrollador mujeriego que dejaba a la pobre mujer poco agraciada (Barbra Streisand) por ser demasiado compleja, complicada y argüendera.

La segunda vez, fue con Kevin Costner. Mientras mi mamá cabeceaba junto a mí en la butaca mientras veíamos “Message in a Botttle,” yo me deshacía en llanto pues Garett Blake, después de penar y guardar luto por su esposa fallecida, se hacía a la mar y moría en un noble intento por salvar a una familia que naufragaba en una tormenta. En tierra se quedaba apropiadamente sola, la mujer (Robin Wright) que ya nos había fastidiado por su presión y constante cuestionamiento al guapísmo y sufrido hombre de mar.

Lo malo fue con el paso de mis años y la llegada de la era digital, adquirí ambas películas en Bluray / DVD, versión remasterizada y con sonido dolby estéreo y las vi en casa una y otra y otra vez...Y entonces sucedió.

Con la gracia de los años, de pronto, el Hubbell de Redford quedó reducido a un güerito fresa, indeciso, apagado y pocos huevos que en dos horas y media no logró entender la apasionada e idealista entrega de su mujer, misma que lo empuja toda la película a ser mejor escritor y mejor persona, acciones que él nunca entiende ya no porque no quiere, sino porque no puede y así, finalmente, ella para salvarse, lo deja libre...

Al Garett de Kevin le pasó algo similar, pues el tiempo me hizo ver con claridad que el sufrido hombre ya no estaba inmerso en el duelo de su viudez, si no que estaba escudado detrás de ésta durante toda la película. Era capaz de darse pero no de entregarse al amor de una mujer que valiente, tomó al toro por los cuernos y le dijo directamente al señor este, que el amor y sobretodo la felicidad - la que nace de permitirse ser libre - sí pueden existir. Su personaje se muere, no como el héroe que yo pensaba al principio, si no como consecuencia de su falta de huevos pues prefiere salir a enfrentarse al mar que al corazón abierto de una mujer…

Y ahora me pasa que en pocos días, he tenido comunicación con dos de los actores principales de la película de mi vida y de aquellos hombres varoniles, asertivos, avasalladores, omnipotentes y maravillosos a quienes amé con locura, a quienes lloré apasionadamente, a quienes invoqué en noches solitarias y con quienes juré regresar así fuese al último círculo del infierno o al mismo paraíso celestial de así requerírmelo, al tenerlos cerca, ahora en su versión remasterizada dolby estéreo, pues.......ya no.

Como me pasó con Redford y Kevin, aunque admito que en su versión original fueron guapos, ya entre las líneas de sus mails, leo con asombro las arrugas de sus caras y en el nuevo tono de sus voces, escucho las cabronas marcas que el tiempo les dejó. Ya no reconozco a esos hombres que en su versión original me conquistaron, me penetraron el cuerpo, el corazón y el cerebro y me llevaron a la orilla del precipicio sólo por amarlos. Seguramente sí tienen algún parecido con la realidad de esos personajes a quienes dediqué canciones, escribí cartas, subrayé libros y volqué mis sentidos al trazar las líneas de su cuerpo bajo el mío y hacerme así su mujer, pero hoy, ya no lo siento, ni lo veo.

Ya no.

No hay comentarios: