Me lo dijo. Bien clarito y desde el principio.
Yo tenía 23, él 53 y la historia comenzó una noche de marzo en Acapulco. El cantaba hermoso, yo no; él tomaba cognac, yo no; él conocía a todos, yo no; él iba sólo, yo también.
De ahí para adelante, la historia tiene bellísimas anécdotas de cómo le cantó a “la mujer más hermosa de esa noche”, de cómo le dediqué mi tesis, de largas noches de fiesta en su puerto y largas comidas en mi ciudad. Anécdotas de celosas atenciones, expectantes detalles y confusas veladas con personajes de la política, donde lo mismo se especulaba sobre el asesinato de Colosio que el de “El Pirulí.”
Pero ese es otro tema…Lo que aquí interesa es rendirle homenaje a la claridad. Esa maravillosa palabra que considero que más que bien empleada, debe ser bien entendida, para ahorrarnos así muchas y muchas y muchas desilusiones, penas, lágrimas, pesares, tensiones, lesiones, fricciones y especulaciones.
Aquí es donde se juntan las historias….El Procurador, aparte de ser alto, delgado, poderoso, guapo, trabajador y guerrerense, era bien, bien claridoso. Por supuesto que yo aquí contaré de cómo se encantó totalmente con mi corazoncito y mi cuerpecito de 23 años, de cómo se fascinó con mi conversación de mundo, cómo se la pasó bomba conmigo y sí, sí pero no….
Desde el primer momento, manejando a velocidad el deportivo por la Costera Miguel Alemán, antes de que la noche terminara en el Baby’O y mucho antes de que nada sucediera, me lo dijo bien clarito…”Preciosa, como dice José José, no es a mí.”
Para los jóvenes lectores, ni idea de lo que hablaba; para los veteranos, entendimos que la clave estaba en la lírica de una canción interpretada por el Príncipe de la Canción:
“No es a mi, a quien debes amar, no es a mi,
agradezco el amor pero no, no lo puedo aceptar,
por favor, no sabría volver a querer y tan solo te haría llorar….
No es a mí, a quien debes amar, no es a mi….”
Y fuera de que fuese engreída su suposición de que yo lo amaría, El Procurador tenía razón…Yo, simultáneamente me apantallé, entusiasmé y enamoré en lo que seguramente fue tiempo récord y nada puedo reclamar, pues él, me lo dijo bien clarito y desde el principio.
Sobre aviso no hay engaño. Efectivamente me agradeció el amor, pero no, no lo aceptó y aunque me hizo llorar, cuando finalmente entendí que no se iba a poder entre los años y las delicias del poder, estuve de acuerdo en que no, no era a él a quien yo debía de amar.
Y José José y él, felizmente, me lo dijeron y bien clarito.
Yo tenía 23, él 53 y la historia comenzó una noche de marzo en Acapulco. El cantaba hermoso, yo no; él tomaba cognac, yo no; él conocía a todos, yo no; él iba sólo, yo también.
De ahí para adelante, la historia tiene bellísimas anécdotas de cómo le cantó a “la mujer más hermosa de esa noche”, de cómo le dediqué mi tesis, de largas noches de fiesta en su puerto y largas comidas en mi ciudad. Anécdotas de celosas atenciones, expectantes detalles y confusas veladas con personajes de la política, donde lo mismo se especulaba sobre el asesinato de Colosio que el de “El Pirulí.”
Pero ese es otro tema…Lo que aquí interesa es rendirle homenaje a la claridad. Esa maravillosa palabra que considero que más que bien empleada, debe ser bien entendida, para ahorrarnos así muchas y muchas y muchas desilusiones, penas, lágrimas, pesares, tensiones, lesiones, fricciones y especulaciones.
Aquí es donde se juntan las historias….El Procurador, aparte de ser alto, delgado, poderoso, guapo, trabajador y guerrerense, era bien, bien claridoso. Por supuesto que yo aquí contaré de cómo se encantó totalmente con mi corazoncito y mi cuerpecito de 23 años, de cómo se fascinó con mi conversación de mundo, cómo se la pasó bomba conmigo y sí, sí pero no….
Desde el primer momento, manejando a velocidad el deportivo por la Costera Miguel Alemán, antes de que la noche terminara en el Baby’O y mucho antes de que nada sucediera, me lo dijo bien clarito…”Preciosa, como dice José José, no es a mí.”
Para los jóvenes lectores, ni idea de lo que hablaba; para los veteranos, entendimos que la clave estaba en la lírica de una canción interpretada por el Príncipe de la Canción:
“No es a mi, a quien debes amar, no es a mi,
agradezco el amor pero no, no lo puedo aceptar,
por favor, no sabría volver a querer y tan solo te haría llorar….
No es a mí, a quien debes amar, no es a mi….”
Y fuera de que fuese engreída su suposición de que yo lo amaría, El Procurador tenía razón…Yo, simultáneamente me apantallé, entusiasmé y enamoré en lo que seguramente fue tiempo récord y nada puedo reclamar, pues él, me lo dijo bien clarito y desde el principio.
Sobre aviso no hay engaño. Efectivamente me agradeció el amor, pero no, no lo aceptó y aunque me hizo llorar, cuando finalmente entendí que no se iba a poder entre los años y las delicias del poder, estuve de acuerdo en que no, no era a él a quien yo debía de amar.
Y José José y él, felizmente, me lo dijeron y bien clarito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario