jueves, abril 10, 2008

Tatuajes.


"Tatuajes de tus besos
llevo en todo mi cuerpo
tatuados sobre el tiempo
al tiempo que te conocí..."

Joan Sebastian - "Tatuajes."




Yo tengo dos tatuajes en la piel. Literalmente. Si me ves por la calle, no te lo imaginas y eso, es lo que más me gusta. Sólo quien me conoce bien, muy bien lo sabe y los conoce.

No son el producto de un momento de rebeldía en la pubertad. No fueron hechos en son de protesta contra nada. Tampoco fueron el amanecer de una borrachera o el pago de una apuesta. Fueron concebidos, razonados y realizado en el momento justo.

El primero fue al inicio de mis treintas, justo después de firmar mi divorcio. Es una mariposa, sencilla, pequeña y de diseño propio que significa muchas cosas...Tal y como las mariposas pasan un proceso de metamorfosis, yo salía de un proceso similar. Tal y como las mariposas nunca pierden el rumbo de las rutas que cíclicamente deben seguir, yo tampoco lo había perdido después de todo y de tanto. Tal y como las mariposas hembras son más fuertes que los machos, así me sentía yo...De apariencia frágil, pero fuerte y viva.

En ese tiempo, alguien me preguntó que porqué querría marcarme permanentemente un recuerdo de la peor época de mi vida, pero para mí, el enfoque es distinto. Más que dejarme un mal recuerdo, mi primer tatuaje es el recuerdo permanente de todo lo que cambié, evolucioné y crecí. Atravesé por la situación a la que más temía en la vida y el final del día, aquí estaba.

Mi segundo tatuaje, hecho a mitad de mis treintas, se lo debo a mi corazón partido. Después de una relación larga, donde se nos acababaron los tiempo y las ganas de buscarlos, nos dejamos y meses después, fui con el tatuador y le pedí una imagen tan común, que hasta se sorprendió....un círculo.

El círculo significa para mí, unidad y equilibrio permanentes e infinitos. Y nuevamente, este tatuaje se convirtió en una celebración, ya que a decir verdad, tardé mucho en llegar a ese lugar de unidad y equilibrio conmigo. Fue una inversión de tiempo en mi persona, un desnudar mi mente y mi corazón para tratar de entender aunque fuese un poquito, el porque la vida me había llevado hasta ahí. Era el bajar la cabeza y reconocer con toda humildad que los caminos de la vida, efectivamente, no son lo que uno desea, pero que finalmente, se sigue aquí.

Y hoy, mientras la vida no ha dejado de sorprenderme, probarme, dolerme y fascinarme, estoy orgullosa de mis tatuajes en la piel pues no son más que gráficos reflejos de los tatuajes que llevo en el espíritu, en el alma, en el cerebro y sobretodo, en el corazón.










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