jueves, febrero 28, 2008

De Principes y Cuentos de Hadas...



"...y si dices la verdad, yo te perdono,
y te llevo en mi recuerdo junto a Dios..."
Luis Miguel - "Y."
Suena a cuento de Disney...fue en una tarde de verano, el día que no quería ir al evento y no se cansó de esperarme hasta que le hice caso. Era alto, moreno, sonriente, simpático y encantador. Mierda. Se las ingenió para entretenerme, platicarme, bailarme, divertirme y enamorame. Mierda otra vez.
Para cuando me dí cuenta, yo, que era mariposa de mil flores, ya estaba más que involucrada, ya hablaba en plural de "nosotros" y lo tomaba en cuenta para los planes del fin de semana. Mi celular sonaba de modo especial cuando "Amor" marcaba, todas las canciones populares estaba escritas para mí y bastaban una sonrisa, un beso y un "te quiero princesa" para que todo, todo, todo el mundo estuviera en orden. Mierda por tres.
Ni de chiste me tomé las cosas con calma, no que va, todo me lo tomé rapidito y sin cuestionarlo. Si él decía que me quería, yo lo creía. Si él decía que planearamos en vivir juntos, yo accedía. Si a diario me visitaba y en la cama era la gloria, seguro era porque yo lo inspiraba. No alcanzaban las horas para estar juntos, las pláticas eran eternas, las risas eran alegría pura y hasta los silencios eran profundos y llenos de entendimiento....Vaya, con este príncipe, como no iba a ser un cuento de Disney.
Y así es como aparece en este cuento de hadas, Pinocho, el lindo pero "mentirosillo" escuincle de madera,que un día de otoño recuerda que no me había dicho que estaba comprometido y se casaba en dos meses. Sí hombre, un pequeño olvido que a cualquier nos puede pasar !!
Lloré y lloré y lloré y lloré hasta que me cansé, sólo para volver a empezar al día siguiente. Hablé de él, analicé el caso, debatí en todos los foros, recopilé opiniones y votos, atosigué a los amigos con el tema, me confesé con desconocidos, pedí al cielo que lo cambiara que reconociera al verdadero amor y culminé armando complejas y Hollywoodescas fantasías de venganza para el día de su boda....Y así, una y otra vez, hasta que por fín me cansé y ya no volví a empezar al día siguiente.
Fast forward.....Muchos años después, en una madrugada de copas donde tomó valor, Pinocho llegó hasta mi puerta a reconocer su cobardía, su confusión, su inmaduréz y a pedir disculpas por aquel pequeño olvido, buscando así expiar sus culpas. Al fin. La música para mis oídos, la tan esperada justicia divina, finalmente llegaron y él, seguía igual, alto, moreno, sonriente, simpático y encantador.
El problema fue que después de todo, era el mismo, era Pinocho.

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